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Entre café y jazz

  • Foto del escritor: Euri VM
    Euri VM
  • 3 oct 2021
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 31 oct 2021

El año 2020 será para todos el año que marcó un antes y después en nuestras vidas. Nos mostramos vulnerables y nos reconocimos como lo que realmente somos. Esto causó en las marcas una gran crisis; no hablo de lo económico, sino de lo emocional. Las grandes marcas no supieron qué hacer con las personas que les compramos, contrario al caso de las marcas pequeñas o nuevas, que resolvieron desde las emociones, lo cuál creó un sentimiento de confianza y empatía mutua porque tanto el consumidor, como la marca, estaban sufriendo los mismos fenómenos y problemas. Es decir, esto nos unió y nos hizo ser más conscientes de las verdaderas necesidades pero, sobre todo, nos hizo ser aliados en momentos difíciles o diferentes porque, para ambas partes, todo era nuevo.

Así como para muchas industrias los actuales son años difíciles, para el retail también lo es. Más aún, porque nos dimos cuenta que no necesitamos ir a las tiendas, porque ellas ya pueden llegar a la puerta de nuestra casa. Esto para mi fue un gran punto de reflexión porque en inicio nunca imaginé visitar centros comerciales, en plena luz del día, con las tiendas cerradas. O nunca imagine una navidad sin ir de compras, una navidad en la que los regalos llegaron en cajas de cartón corrugado, tan solo recordarlo me llena de tristeza. Pero dentro de esos estados catárticos y reflexivos del encierro “pandémico”, llegaron, casi por arte de magia, los que yo llamo “salvadores” de mi ansiedad por diseñar espacios comerciales de forma física: la música, el café y la mezcla de las dos en el espacio comercial. Después de meses de encierro, varias pláticas, fiestas en Zoom y una necesidad de todos por salir pero cuidándonos al mismo tiempo, fue que, sin “darle mucha vuelta”, empecé a “medio” entender a dos músicos y una historiadora, sobre qué querían en su nuevo proyecto profesional: una cafetería. Confieso que no fue nada fácil, fue un gran reto porque lo que empezó en diseño con tres socios se convirtió en seis, lo cual, en términos de decisiones, se vuelve un caos complejo de entender para el diseño del lugar. Fue así que mejor me cambié al rol de cliente espectador y entendí mejor como dar soluciones al espacio. En cada momento me preguntaba ¿qué me gustaría vivir a mí cuando visite el lugar? Así que empecé desde el pensamiento de “me encanta el olor al café”; pasé por el increíble momento de tomar una taza con música en vivo; y llegué a la expresión “qué maravilla que tenga un lugar donde pueda salir y pueda cubrir mis “necesidades” de tomar un buen café, escuchar música y convivir entre personas de confianza”. Así fue que diseñé en mi cabeza el storytelling de lo que podría ser la magia de un buen lugar que te invitara a salir de tu casa, para ir a un espacio seguro entre amigos. Que la experiencia sea, un poco, como estar en la sala de tu casa.

Casi con un año de distancia y varios episodios después de la primera temporada de Barra Niglo, en mi corazón, esa cafetería es una gran lovemark que te “abraza” con todos los sentidos. Un lugar-destino que se encuentra en la frontera entre la colonia Roma y la colonia Juárez, zonas perfectamente caminables que inspiran a tomar un rico café mientras pasa la tarde-noche. A continuación es como hago el viaje dentro del espacio de Barra Niglo: el aroma del café recién molido, la degustación de éste en una gran taza que parece nunca terminar, lo cual da la sensación de que el tiempo no pasa. El anterior momento lo “aderezamos” con buenas charlas y música. Estas emociones salvaron los días “pandémicos” de muchos. También aportaron seguridad, confianza y, sobre todo, inspiran a realizar nuevos momentos y proyectos. Técnicamente, Niglo es un lugar diseñado e inspirado en lo callejero, underground, el jazz gitano y el café. Es el ejemplo de cómo lo técnico se ve rebasado por las emociones: pasó de ser un lugar lleno de escombros a un espacio generador de sensaciones, donde, en medio de la incertidumbre, parece ser el lugar “oasis” que brinda un momento único que se queda en el recuerdo de muchos, enamora a otros tantos y esto hace que quieras regresar una y otra vez para tener esa sensación que pocos espacios comerciales logran dar. Qué maravilla fue ver la transición del espacio, tanto en lo técnico, como en lo emocional. Un espacio comercial es cambiante y lleno de magia, siempre busca impresionar al visitante. En Niglo se suman los siguientes elementos: ser, para varios, una lovemark; también, sin mucho formalismo, tener un poco de concept store con un poco de retail de experiencia, en donde se combina el café y el jazz. Es, en apariencia, un lugar con mucha sencillez, pero que contiene arduo trabajo “tras bambalinas”, el cual es realizado por un staff de artistas que hacen magia para enamorarnos en cada visita y, posteriormente, crean en nosotros el deseo por un buena taza de café con jazz.



1 comentario


pamelamanzanog
10 nov 2021

padrísimo retrato!

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